
A la mierda. Mandemos a la mierda esos días grises o color sepia, aquellos en los que parece que la luz no existe. Todo te sale mal. Sólo sirves para
llorar y lamentarte. Nadie te dice lo mucho que vales, sólo te dicen para que
no vales.
Pero entonces aparece esa persona que
sí que te conoce, y te dice que
sí que vales, que tu puedes, te seca las lágrimas y te pone en pie. Te prohíbe seguir llorando y te saca una sonrisa.
Pero, ¿y si esa persona se va? Se esfuma, desaparece. Ya no puedes tocarla ni abrazarla.
Nada. Nada compensa. Nada se le asemeja. ¿Qué haces?
Y entonces, te arrepientes de todas esas veces que te consoló y te dio cariño. Quizás deberías haber estado sola. Porque tú, siempre, pase lo que pase, estarás
contigo misma.